domingo, 3 de febrero de 2013

La visión Ciega I. El Señor J.

De todos es sabido que el cerebro es una máquina muy compleja, como un macroordenador en el que se almacenan y procesan todas las informaciones que llegan a el a través de los sentidos. Pero nuestro cerebro procesa más información de la que nosotros somos conscientes. Esto ocurre, por ejemplo, con con la información que recibimos a través del sentido de la vista.

Las percepciones han de llegar a la consciencia para que afecten a nuestra conducta, es decir, tenemos que darnos cuenta de que nos lanzan una pelota (percepción) para recogerla (conducta)¿o no?. Si no sabemos que vemos algo, por ejemplo un obstáculo en nuestro camino, no lo evitaremos ¿verdad? Es lógico pensarlo, estaríamos locos si pensásemos que un ciego puede ver. 

Lo cierto, es que hay alguna excepción. El caso del Señor J. es una de ellas:

Natalia J. había llevado a su abuelo a ver al Dr. M., un neuropsicólogo. Un accidente cerebrovascular había dejado al Sr. J. casi completamente ciego; todo lo que podía ver era una minúscula mancha en medio de su campo visual. El Dr. M. se había enterado del caso del Sr. J. por medio de su neurólogo y le había pedido que fuera a su laboratorio con el fin de hacerle algunas pruebas para su proyecto de investigación.

El Dr. M. ayudó al Sr. J. a encontrar una silla y sentarse. Este, que se ayudaba con un bastón para andar, se lo dio a su nieta para que lo sujetara. "Puede prestármelo", preguntó el Dr. M. Natalia asintió y se lo cedió. "Estoy estudiando lo que se llama visión ciega" dijo. "Déjenme ver si puedo demostrarles lo que es".

"Por favor, Sr. J. mire hacia delante. Manténgase mirando así y no mueva los ojos ni gire la cabeza. Se que puede ver un poco enfrente de usted y no quiero que use ese resto de visión para lo que voy a pedirle. Bien. Ahora quisiera que alargara su mano derecha y señale lo que estoy sosteniendo".

"Pero yo no veo nada. Estoy ciego", dijo el Sr. J. obviamente irritado. 

"Ya lo se, pero inténtelo de todos modos, por favor".

El Sr. J. se encogió de hombros y señaló. Parecía alarmado cuando sus dedos se toparon con el extremo del bastón, que el Dr. M. apuntaba hacia el.

"Abuelo, ¿cómo has hecho eso?", preguntó Natalia sorprendida. "Creía que estabas ciego".

"¡Lo estoy!", dijo él con énfasis. "Solo ha sido cuestión de suerte".

"Vamos a intentarlo un par de veces más, Sr. J.", dijo el Dr. M. "Siga mirando hacia delante. Muy bien". Dio la vuelta al bastón de modo que el mango quedó apuntando al Sr. J. "Ahora quisiera que atrapara el mango del bastón".

El señor J. alargó el brazo y atrapó el mango del bastón.

"Bien. Ahora baje la mano, por favor". Giró el bastón 90 grados de manera que la empuñadura quedo orientada verticalmente. "Ahora agarrelo otra vez".

El Sr. J lo hizo. Cuando adelantó el brazo giró la muñeca de modo que la mano tuviera la misma orientación que la empuñadura, que volvió a engañar.

"Bien. Gracias, puede bajar la mano". El Dr. M. se volvió hacia Natalia: "Ahora quisiera examinar a su abuelo, pero después me gustaría hablar con usted". 

En realidad, el cerebro contiene, no uno, sino varios mecanismos implicados en la visión. Digamos que hay varias formas de ver.
Uno de esos sistemas es el responsable de la percepción del mundo que nos rodea (sistema visual mamífero), es decir, lo que "vemos cuando miramos".
Otro, como el sistema visual primitivo no es tan obvio,se encarga de controlar los movimientos oculares y dirigir la atención al los movimientos repentinos que ocurren a los lados de nuestro campo visual.


Existen en nuestra corteza zonas encargadas de recibir e interpretar los estímulos, es la corteza sensitiva. Adaptada de www.furman.eduLa enfermedad del Sr. J. dañó la corteza visual de su cerebro (color morado en la figura).

Casos como el del Sr. J. demuestran que después de que el sistema visual mamífero se haya lesionado, el paciente puede valerse del sistema visual primitivo de su cerebro para guiar los movimientos de las manos hacia un objeto, aunque no pueda ver hacia dónde la dirige. Es decir, la información visual puede controlar la conducta sin que se produzca una sensación consciente. 

Resumiendo, vemos antes de darnos cuenta que vemos, lo que implica que hay varias vías de llegada del estímulo. Se podría definir esa segunda vía como la intuitiva. Así que es importante que nos fiemos de nuestra intuición, ya que también juega un papel importante en nuestra vida diaria, aunque no nos demos cuenta.

Caso clínico extraido de: Fundamentos de fisiología de la conducta; Neil R. Carlson.

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