jueves, 21 de febrero de 2013

Las emociones. La teoriade James-Lange

Normalmente pensamos en las emociones como un pensamiento (activación del sistema nervioso central) que hace que nos sintamos de una determinada manera, es decir, tenemos miedo y se desencadenan una serie de respuestas fisiológicas tales como sudación o aumento de la frecuencia cardiaca. Esta relación de causa efecto parece, a priori, la más lógica. Pero muchas veces la lógica no va con los psicólogos. Vamos a darle una vuelta a eso...

En 1884 William James (psicólogo), por un lado y Carl Lange (fisiólogo) por otro, sugirieron que con nuestras emociones pasa exactamente lo contrario. Las situaciones generadoras de emociones provocan una serie de respuestas fisiológicas (activación del sistema nervioso neurovegetativo) y comportamentales (siguiendo el ejemplo, sudoración y aumento de la frecuencia cardiaca), el cerebro recibe esta información de los músculos y los órganos que producen dicha respuesta, y esta información es la que produce la vivencia emocional. En resumen, afirman que nuestras sensaciones emocionales están basadas en lo que vemos que estamos haciendo, así cuando vemos que estamos temblando y nos sentimos mal, experimentamos miedo.

Pero entonces llegó Cannon (otro fisiólogo) y esto dejó de ser así... otra vez. En 1927  observó que si seccionaba los nervios que aportan la retroalimentación desde los órganos internos al cerebro no se suprimía la conducta emocional de los animales de laboratorio, por tanto la orden sentir miedo, por ejemplo, venía de nuestro cerebro. Pero ¿como sabia lo que sentían los animales? Para desgracia de Cannon, este experimento solo se demuestra que la conducta emocional persiste tras la manipulación quirúrgica (por ejemplo, una rata que muerde si es amenazada), pero no sabemos si la respuesta emocional persiste o no, es decir no sabemos como se siente la rata después de atacarnos.

Entonces ¿Quien tiene razón? ¿Sentimos y nos activamos? ¿o nos activamos y sentimos? Pues, como casi siempre, el término medio puede ser la clave. A pesar de los envites de Cannon, la teoría de James-Lange no ha sido del todo sustituida.

Hohman (1966) comprobó que las emociones eran menos intensas en personas con lesiones en la médula espinal, sin embargo no desaparecían por completo. Cuanto más arriba estaba localizada la lesión menos instensas eran las emociones. Algunos sentimientos, como por ejemplo el de enfado(sentimiento emocional), no dependen de la conducta de la conducta de enfado (una respuesta emocional), pero aun así se ve atenuado. 

Uno de sus pacientes afirmaba que "sentía una especie de ira fría, se convierte en un enfando mental". 

Otro contaba: "Estoy sin hacer nada y empiezo a imaginarme cosas y siento mucha preocupación, pero se trata de poco más que el poder del pensamiento".

De echo, experimentos realizados en la década de los 90 y en los 2000 ponen de manifiesto que James no se equibocaba tanto como creía Cannon, ya que fingir una determinada emoción, por ejemplo sonreír para aparentar felicidad, activa los receptores del sistema nervioso central que se encargan de procesar esta información, por tanto, en cierto modo hace que nos sintamos felices.

Así que a sonreír se ha dicho...

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